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Chernobyl: qué se ve en la ciudad de la tragedia, luego de 40 años

Abandono. Los juegos de un parque que quedaron estáticos durante 40 años / AFP
Abandono. Los juegos de un parque que quedaron estáticos durante 40 años / AFP
Una mujer recorre un sendero que recuerda las áreas que fueron afectadas por la explosión nuclear / AFP
Una mujer recorre un sendero que recuerda las áreas que fueron afectadas por la explosión nuclear / AFP
La sala del reactor del tercer bloque detenido en la central nuclear de Chernobyl / Web
La sala del reactor del tercer bloque detenido en la central nuclear de Chernobyl / Web
Los autitos chocadores abandonados en el que fue un parque de diversiones / ap
Los autitos chocadores abandonados en el que fue un parque de diversiones / ap
Camas infantiles olvidadas en una guardería de Prípiat / web
Camas infantiles olvidadas en una guardería de Prípiat / web
Lo que quedó de una sala de control / WEB
Lo que quedó de una sala de control / WEB

Por Redacción

Abandono, radiación y el paso del tiempo. Edificios vacíos, objetos detenidos en 1986... un testimonio de la magnitud de lo vivido

Chernobyl no es solo un recuerdo del pasado. A cuatro décadas del accidente nuclear ocurrido el 26 de abril de 1986, el lugar sigue ofreciendo una imagen impactante de lo que quedó después de la evacuación masiva.

En la cercana ciudad de Prípiat, construida para alojar a los trabajadores de la central, todo parece congelado. Escuelas, hospitales y viviendas permanecen vacíos, con objetos cotidianos —juguetes, camas, calendarios— que aún remiten al momento exacto en que la población debió abandonar el lugar de forma urgente.

La ausencia humana se percibe en cada rincón: pasillos en penumbra, estructuras deterioradas y una sensación persistente de interrupción abrupta.

La marca de la catástrofe

La explosión del reactor 4, considerada la peor catástrofe nuclear de la historia, dejó una huella que todavía define el paisaje.

En la central, los restos del accidente siguen contenidos bajo el llamado “Nuevo Confinamiento Seguro”, una gigantesca estructura que cubre el reactor dañado y busca evitar nuevas fugas radiactivas.

Aun así, la radiación continúa siendo un factor determinante. La zona permanece bajo estrictas restricciones y no es habitable para la población, aunque sí recibe visitas controladas.

Hoy, Chernobyl es un espacio de memoria. La zona de exclusión se convirtió en un destino de turismo controlado, donde visitantes recorren los restos de la ciudad fantasma y observan de cerca los efectos del desastre.

Las imágenes actuales —desde la icónica noria de Prípiat hasta los interiores abandonados— funcionan como un recordatorio tangible de lo ocurrido.

Cuatro décadas después, Chernobyl sigue siendo un símbolo global: no solo del riesgo nuclear, sino también de la capacidad de un territorio de transformarse en ausencia del ser humano.

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